¡Prepárense para el espectáculo! La Comisión Europea acaba de lanzar su micrófono y mostrar con números en mano que nuestro plan de rescate ha sido como un chorro de dinero en una fuente sin fondo: fluye, fluye, ¡pero no veamos resultados! Es como tirar billetes a un pozo sin fondo, con la esperanza de que algo salga. La famosa ‘Facilidad para la recuperación y la resiliencia’ ha inundado los hogares con billones —sí, billones, no milloncitos— todos para hacerlos más eficientes, pero la verdadera eficiencia parece haber sido olvidada en la fórmula. La risa (y la bronca) comienza cuando descubrimos que se dieron fondos sin exigir que las remodelaciones reduzcan el consumo energético. Es como regalar tortas y no importar si alguien come solo la miga. La ciencia de medir estas ‘ahorros energéticos’? Una ficción matemática, un número inventado que no respeta la realidad, que se gana el premio a la más fantasiosa. Y mientras tanto, ¡el sistema de soporte! El ilustre ejemplo italiano, donde un bono espectacular prometía hasta un 110% de reembolso, resultó ser un payaso con una factura de más de 123 mil millones de euros. ¿Resultado? Un ahorro que cuesta casi cuatro veces más de lo que dice, y un cuarto de las obras que ni siquiera necesitaban ser hechas. Todos estos shows tienen un objetivo en común: hacer que creamos que la eficiencia energética es la estrella del escenario, cuando en realidad, solo es el payaso del circo. La lección aquí es clara: la política pública se ha convertido en un teatro de Operaciones sin actores ni guion que nos deja con las cuentas vacías y el planeta igual de caliente. Pero no todo está perdido: quizá la mejor ayuda del Estado sea, simplemente, ¡no meterse en la fiesta! Dejar que los ciudadanos tomen sus decisiones y ahorrar esa millonada en obras que solo sirven para llenar auditorios de papel. ¡Aplaudamos el acto, y cerremos el telón de la ingenuidad!