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¡Prepárense para una montaña rusa de juegos de poder y químicas peligrosas! La nueva Alianza de Químicos Críticos de la Comisión Europea (CCA) parece haber sido secuestrada por la misma industria que se supone debe vigilar. Lanzada en el parque industrial Chemelot en Limburg, Países Bajos, en enero, esta alianza tiene la misión de identificar moléculas químicas y sitios de producción considerados ‘críticos’ para la economía de la UE.

Pero, ¡oh sorpresa! Los grandes productores químicos, que se benefician directamente de cómo se moldea esta lista, juegan un papel estelar en su creación. Defender la alianza dice que es una respuesta a una crisis real, enfrentando costos energéticos altísimos y competencia feroz de China. ¿La realidad? Estos titanes de la química, entre ellos BASF y INEOS, dedican tres cuartas partes de sus beneficios netos, ¡sí, sí, los miles de millones! que ganan, a sus accionistas, en lugar de modernizar sus instalaciones. Mientras tanto, la contaminación química de nuestro planeta parece no estar en su lista.

Este informe, publicado esta semana por Corporate Europe Observatory (CEO) y el European Environmental Bureau (EEB), revela que la misma industria que contamina, también participa en decidir quién recibe fondos y quién no. La junta directiva de la alianza está dominada por representantes de la industria, entre ellos el CEFIC, que también preside algunas de sus comités, haciendo que toda esta ‘simplificación’ de políticas sea un chiste de mal gusto. La pregunta que todos se hacen: ¿estamos jugando a ser serios cuando todo indica que estamos jugando con las reglas de los mismos que contaminan?

¡Y la diversión no termina! La Comisión está en la cuerda floja con una investigación del Ombudsman sobre estos ‘Controles de Realidad’, donde las grandes empresas chatean a puerta cerrada sobre las reglas de la UE, influenciando decisiones y dejando al público en la sombra. Las reuniones en las que deciden qué químicos son ‘críticos’ están llenas de los gigantes químicos, y sus votos cuentan doble.

El resultado? La mayoría de estos químicos peligrosos, como el benzene y los PFAS, sí que califican para financiamiento, haciendo de esta lista una especie de club exclusivo para tóxicos. Los críticos quieren redefinir qué significa ‘crítico’, basándose en las necesidades sociales, no en las ganancias empresariales. La pelota ahora está en el tejado de la Parlamento europeo, que tiene hasta octubre para decidir si seguir jugando este juego o apagar las luces.